Todos los corazones son jóvenes eternamente.

miércoles, 16 de marzo de 2016

El franquismo en Villena

PÉRDIDAS HUMANAS

La Guerra Civil Española comenzó el 17 de julio de 1936 y terminó el 1 abril de 1939.
“En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos 1º de abril de 1939. Año de la Victoria. El Generalísimo Franco”.
Así rezaba el texto de la copia mecanografiada que fue llevaba por el teniente coronel Barroso a los locales de Radio Nacional de Burgos y leída para toda España por el locutor Fernando Fernández de Córdoba, a las diez y media del citado día.
El drama nacional había concluido para algunos pero continuaría para muchos miles de españoles que se encontraban fuera del suelo patrio al haber elegido y podido alcanzar el camino del exilio y, al tiempo, se iniciaba otro momento dramático para aquellos que aún hubieron de sufrir la posterior represión inherente a cualquier guerra civil. A partir de siguiente día 2 de abril, todas las noches, a la misma hora que habitualmente y durante el período bélico desde la zona nacional se emitía el parte oficial de guerra, Radio Nacional repetía la siguiente consigna, conocida como la “de las tres alertas”:
“Españoles, ¡alerta! La paz no es un reposo cómodo y cobarde frente a la Historia. La sangre de los que cayeron por la Patria no consiente el olvido, la esterilidad ni la traición. Españoles, ¡alerta!
Todas las viejas banderas de partido o de secta han terminado para siempre. La rectitud de la justicia no se doblegará jamás ante los privilegios ni ante la criminal rebeldía. El amor y la espada mantendrán con la unidad de mando victoriosa la eterna unidad de España.
¡Españoles, alerta! España sigue en pie de guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perpetuamente fiel a sus caídos. España, con el favor de Dios, sigue en marcha. Una, grande, libre, hacia su irrenunciable destino. ¡Arriba España! ¡Viva España!”.
Al confirmarse la victoria franquista, algunos telegramas significativos son recibidos en el Palacio de la Isla, donde seguía instalado el Cuartel General de Franco. El primero de ellos procedía del Vaticano, con el que Pío XII bendecía la victoria franquista.

La unificación de todo el territorio nacional, tras la desaparición de los frentes de lucha, dio lugar a un enorme movimiento humano ya que millares de ciudadanos se encaminaron hacia el reencuentro con aquellos seres queridos que la guerra había separado. Cualquier medio de transporte era utilizado para tal fin, mientras que las tropas vencedoras desfilaban victoriosas al tiempo que caravanas de derrotados, se encaminaban hacia los campos de concentración. La paz no siguió a la guerra. Su continuación fue, realmente, la posguerra.
Mucho se ha escrito sobre las consecuencias de la guerra civil, tanto en el aspecto material como en el que es más importante, el humano. Difícilmente podrán conciliarse las estadísticas vertidas por numerosos historiadores sobre las víctimas debidas a la contienda bélica.
Los datos proporcionados por todos y cada uno de los estudiosos del tema son escalofriantes. Prueba de ellos son las cifras que seguidamente se mostrarán.
La intención no es entrar en disquisiciones sobre el posible número de víctimas producidas como consecuencia de la guerra civil española y la inmediata posguerra, a través de las acciones de represalia, ejecuciones o enfermedades. Se limitará a dejar constancia en este trabajo de las opiniones de los diferentes historiadores y demógrafos que han ahondado en el análisis de las bajas humanas que dejó tras de sí la guerra civil.
Pierre Vilar afirma que las pérdidas de la población española, incluyendo no sólo las víctimas de los combates y bombardeos sino también las producidas por la represión posterior y las enfermedades, se encuentran en orden a las 560.000 personas.
Según Ramón Salas Larrazábal, el número de víctimas de situaría en unas 625.000 personas, incluyendo en orden a 25.000 los extranjeros muertos en las filas de ambos contendientes, y que descompone así:
-        En operaciones durante la guerra civil: 145.000
-        Civiles víctimas de la guerra: 15.000
-        Ejecuciones y homicidios en zona nacional: 57.808
-        En la segunda guerra mundial y maquis en suelo español: 10.000
-        Sobre mortalidad a consecuencia de enfermedades: 324.000
-        TOTAL: 624.145

Según apreciaciones de Jesús Villar Salinas, la pérdida en la población española durante la guerra civil “… fue de 859,418 individuos, de los que 612.850 no llegaron a nacer y 246.580 murieron prematuramente. De estos últimos, 171.731 serían víctimas de la guerra y 72.837 de las enfermedades y calamidades que la acompañaron”.
El historiador norteamericano Gabriel Jackson establece el siguiente recuento:
-        Muertos en los campos de batalla: 100.000
-        Por incursiones aéreas: 10.000
-        Por enfermedades y desnutrición: 50.000
-        Por represalias políticas durante la guerra en ambas zonas: 222.000
-        TOTAL: 382.000
Hugh Thomas cifra las posibles bajas por muerte violenta durante la contienda civil en unas 400.000 personas.
Carme Molinero y Pere Ysàs hablan de que las “víctimas mortales imputables a la guerra civil, por todos los conceptos –combates, bombardeos, violencia política, sobre mortalidad natural-, debería situarse en torno a las 600.000, a las que habría que añadir las víctimas de la feroz represión franquista de los primeros años de la posguerra”.
Y por último, el profesor Jordi Nadal dice que las verdaderas víctimas de la contienda no fueron los que murieron en ella sino los que por ella dejaron o han dejado de nacer, evaluando estas pérdidas en unas 600.000 o 700.000 personas.

Concretando en la provincia de Alicante y siguiendo a Salas Larrazábal se cifran en 2.325 las muertes producidas en acciones de guerra, que unidas a las 1.571 ejecuciones y homicidios que tuvieron lugar en la zona controlada por el Gobierno y las 334, por el mismo motivo, en la zona nacional, dan un total de víctimas de 4.230 además de las producidas por enfermedades.
Algo más dispares son las cifras contabilizadas por Roque Moreno Fonseret en estudios más modernos y que incluyendo tanto las muertes directamente motivadas por la contienda como las imputadas a la represión posterior sobre la población civil, las sitúa en 16.000 muertos, de los que algo más de 10.000 corresponden al conlicto bélico.



Bibliografía: Libro “El primer franquismo en Villena” (1939-1945) Fernando Costa Vidal.







domingo, 14 de febrero de 2016

Fotos filosóficas.

"Las huellas que dejamos los hombres suelen ser cicatrices."

Si miramos la foto, con esta frase podemos entender que el paso del hombre por la tierra es, muchas veces, destructivo, ya que no nos paramos a pensar los daños que podemos causar haciendo determinadas cosas.













"La ambición del hombre destruye el mundo."

Con esta foto podemos hacer referencia a lo que hablamos en clase de Voltaire sobre las necesidades y los deseos; las necesidades es lo imprescindible para vivir y los deseos es lo que pedimos más allá de las necesidades. Aquí podríamos decir que con deseos innecesarios acabamos destruyendo lo que hay a nuestro alrededor. 












miércoles, 10 de febrero de 2016

Diccionario filosófico.

AMOR


Definición del diccionario: Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa  a la que se le desea todo lo bueno. Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común. 
Definición personal: Sentimiento que se basa en el cariño o afecto hacia alguien, ya sea animal, persona, etc., algo que puede proporcionar distintos sentimientos, desde la felicidad a la tristeza. Para mí, amor es querer incondicionalmente. 



MUERTE

Definición del diccionario: Fin de la vida.
Definición personal: La muerte ciertamente es el fin de la vida, pero el fin de la vida tal y como la conocemos. Para hablar de muerte se necesita hablar de vida, dos cosas totalmente opuestas. La muerte puede ser, dependiendo de las creencias personales de cada uno, una forma distinta de vida. 
*Si quieres leer más sobre mi opinión en referencia a la muerte tienes otra entrada en el blog titulada "La muerte relacionada con la realidad". 







miércoles, 12 de noviembre de 2014

La muerte relacionada con la realidad.

Esta entrada la voy a dedicar a hablar de un tema que un día hablamos brevemente en clase y en el que me gustaría profundizar un poco más, la muerte y todas las preguntas que conlleva ese término.

Se considera muerte, desde el punto de vista médico, al cese global de funciones sistemáticas, en especial de las funciones bioeléctricas cerebrales y, por tanto, de las neuronales. Una definición demasiado técnica para lo que voy a hablar hoy sobre la muerte.

Para hablar de la muerte se necesita, también, hablar de la vida. Vida y muerte son dos términos totalmente opuestos. El primero es más aceptable para los seres humanos; el segundo suele producir miedo y rechazo en la gente, quizás por el simple hecho de que no sabemos que hay detrás de esa palabra.

Y aquí mismo tenemos la pregunta que más demanda una respuesta, ¿qué hay después de la muerte?

Para algunos es una forma de acceder a otra vida, una vida más perfecta y el paso por la Tierra se convierte en una preparación para el acceso a esta nueva vida, este era el caso de los egipcios y el cual para alguna gente no se ha descartado del todo.

Sin salir del ámbito de acceder a otra vida con el mismo cuerpo y el mismo alma, hay gente que piensa que pasamos a otra vida, distinta a la de ahora pero siendo tal y como somos ahora.

Otros, sin embargo, piensan que cuando una persona muere tan sólo muere su cuerpo pero no su alma y ésta se reencarna en el cuerpo de otra persona que acaba de nacer la cual estaba predestinada a tener ese alma.

En relación a todo lo anterior, hay gente que piensa que cuando morimos nuestro espíritu, o como queráis llamarle, queda entre el mundo de los vivos, vive entre nosotros y nos cuida, quizás sea una manera de no sentirse del todo abandonado por un ser querido; sin salir de esta teoría, hay otras personas que piensan que el espíritu sólo se queda temporalmente entre nosotros intentando comunicarse para decir o hacer algo que no pudo en vida y una vez consiguen eso se marchan.

Para otros, después de la muerte, simplemente, no hay nada.

Otra pregunta que suele surgir es si todo esto que vivimos no es real pero ¿qué es la realidad? Es un concepto bastante abstracto, para mí la realidad es todo aquello que podemos ver y tocar.

Respecto a lo de antes surgen muchas preguntas, entre ellas: ¿y si todo lo que estamos viviendo no es real? ¿Y si es sueño y cualquier día despertamos? ¿Y si la muerte es la verdadera vida?

Sea como sea y pase lo que pase, no vamos a vivir para contarlo.  






lunes, 10 de noviembre de 2014

¿Talking with my pillow?

Bueno, la primera entrada de este blog la voy a dedicar al porqué del nombre del enlace.

Empezaré por traducirlo a español, para quien no sepa inglés “talking with my pillow” significa “hablando con mi almohada” y pensaréis “¿qué sentido tiene esa frase?”, pues para mí tiene mucho sentido y seguramente, cuando lo explique, para vosotros también.


Los humanos estamos constantemente pensando, hablando interiormente con nosotros mismos, nos hacemos preguntas, le damos vueltas a los problemas, recordamos momentos... Todo eso lo podemos hacer durante el día pero no solemos tener mucho tiempo para pensar con tranquilidad, tenemos demasiadas cosas por hacer. Cuando llega la noche y nos tumbamos en nuestra cama es cuando más solemos pararnos a pensar, repasamos qué hemos hecho durante el día, pensamos sobre decisiones importantes, etc. Yo pienso que es el mejor lugar y momento para pensar, soñar despiertos, imaginar cómo podría ser nuestro futuro, poder llorar y reír sin la preocupación de si nos verá alguien y vendrá a preguntar, sin que piensen que estamos locos porque reímos sin que nadie nos haya dicho algo gracioso.
¿Quién no ha dicho alguna vez la famosa frase “lo consultaré con la almohada”? Y si no la habéis dicho, por lo menos, estoy segura de que la habréis oído.